El relato de Antonia Flores

Esto no es una entrevista

Por: Rita Isabel para Todes vamos pa’ viej@s

Todes vamos pa’ viej@s nos convoca y nos provoca a conversar sobre envejecer. Al terminar de leer la Guía para recopilar historias me pregunto: ¿en qué momento comenzamos a “ponernos” viejos? ¿Será cuándo tenemos consciencia de nuestra existencia hacia la muerte? De ser así, envejecí de niña. La pregunta y sus posibles respuestas se queda ahí. El trabajo a distancia de esta cuarentena, de más de cuarenta días, no da mucho tiempo para filosofar, por lo menos a mí no me sobra el tiempo, al contrario, pero ese es otro tema. En estos días parecería que se envejece con la facilidad con la que se contagia el virus que nos tiene en casa. ¿A quién entrevistar? Ese es el dilema. Pienso en abuela, en julio cumple 99 años. Hoy la acompaño en la noche.

—Abuela, ¿puedo entrevistarte?  —digo con voz inevitablemente aniñada, habla la nieta. Abuela no escucha bien. Hace un gesto para que le repita mi pregunta.

—Abuela, ¿puedo hacerte una entrevista? —repito y ya no sé si tengo cuatro décadas y un chin más de vida o no llego a una. Cuando nací, ella tenía cincuenta cuatro años, diez años más de los que tengo.

—¿Una entrevista? —responde.

—Sí, hacerte unas preguntas.

—Está bien —dice de buen ánimo.

—¿Me autorizas a grabarte?

—¿Grabarme? Sí… —responde mientras mira mi teléfono celular al que señalé cuando le pedí grabarla.

Comienza un vaivén de intentos para encaminar el diálogo… pero su mente habla de lo que quiere… Capturo ideas en la conversación:

Antonia Flores Rosario… viuda de Vázquez

Tengo casi un siglo… me falta un año o dos…

Con una sonrisa que es casi risa me dice: Envejecer, todos queremos envejecer, todos queremos llegar al siglo. Envejecer es lo mejor… A todos les gusta llegar a los últimos años…

¿Te sientes vieja? Le pregunto y responde con certeza y sonrisa: fíjate no, no me siento vieja, sé que estoy viejita, pero eso no me molesta. Me siento bien. Soy feliz.

¿Eres feliz? pregunto espontáneamente con curiosidad de nieta: Soy feliz porque tengo una familia que me quiere y me trata bien. También amistades, buenas amistades que siempre me han querido y se han portado bien conmigo. 

Cuando ya la conversación mengua y la rutina de acostarse (para quedarse dormida mientras reza el rosario) se impone, aún escuchó: Estoy contento porque ya soy vieja, trabajé, visité enfermos, anduve para arriba y para abajo visitándolos… me siento bien… veremos a ver hasta donde llegamos.

La imagen de El Sagrado Corazón de Jesús de la sala comedor nos observa como siempre. De camino al cuarto sé que nos esperan más de media docena de figuritas del niñito Jesús con los brazos extendidos para abrazarnos. La escucho decir: La última palabra la tiene nuestro Padre Celestial, Él dirá.

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